LA MATANZA
Una
relato muy particular de
la matanza
Narrador "El Jodra"
...Hay
que recordar que en este
pueblecito
tan perdido
e inocente de
la
rinconada desde tiempos inmemoriales
y hasta hace no muchos años
se perpetraban anualmente
hasta dos sacrificios en
cada casa. Todo se ejecutaba
de una forma tan planificada
y premeditada que en un
par de días
no quedaba ni rastro de las
víctimas.
...Algunas
partes de las victimas
se troceaban
y picaban con unas macabras
maquinas con cuchillas batientes,
después
les echaban unos extraños
productos químicos
que
producían
una eficaz reacción
en toda aquella carne
desprovista
de vida, después
para no dejar pistas
la
ocultaban dentro de las
tripas de la propia victima
y la escondían
dentro de grandes tinajas
llenas de aceite en
los
lugares más
oscuros y lúgubres
de las despensas,
así nadie
podría
descubrirlo.
...Las
partes más
grandes de la victima como las
piernas y los brazos se cubrían
de cloruro sódico
conseguido de estraperlo en
Castilruiz y después
para evitar el fenómeno
bien conocido como "temblorun
postmorten" les
colocaban unas pesadas piedras
encima.
Como
os cuento, en un par de días
todo volvía
a la normalidad, ni rastro
de las victimas, como si nada
hubiese ocurrido.
...Pasaba
el tiempo y todo transcurría
tranquilo en este pueblecito,
hasta que el día
menos pensado empezaban a frecuentar
la casa familiares y amigos
con excusas tan
desprovistas
de sentido como cumpleaños,
navidades,el parto de la burra
etc. , total que sin darse cuenta
se les había
llenado la casa de individuos
que podrían
empezar a sospechar. Lo peor
era cuando venían
los hijos, que venían
de la gran ciudad, no sé que
les daban por ahí pero
tenían
un olfato muy entrenado, así que
justo después
de los besos de rigor al llegar
a la casa de sus progenitores,
desaparecían
por unos momentos guiados por
un extraño
olor que les llevaba directamente
a la despensa.
...Tarde
o temprano terminaban descubriendo
todo lo ocurrido localizando
las partes de la victima diseminadas
por los lugares mas escondidos
de la despensa. Pero estos
hijos solían
ser muy comprensivos y rápidamente
se hacían
cómplices
ofreciéndose
voluntariamente a hacer desaparecer
de ese macabro lugar toda aquella
carnicería.
El
día
de regreso a la ciudad, con
las primeras luces del alba,
reculaban su Seat 124 hasta
la puerta de la vieja casa y
con un ritmo infernal cargaban
el maletero hasta que el tubo
escape hacia contacto con el
suelo, en ese momento le decían
a sus padres en voz baja " lo
siento con toda mi alma pero
estos huesos ya no me cogen,
deshaceos vosotros mismos de
ellos".
Después
de cubrirlos con una manta para
no levantar sospechas y de cargar
todo el equipaje en la vaca,
ambos padre e hijo se miraron
, y el padre con lágrimas
en los ojos se abalanzó sobre
su hijo y se fundieron en un
desgarrador abrazo, mientras
el hijo le decía
a su padre al oído "Padre,
siempre estaremos contigo para
lo que haga falta"